viernes, 2 de agosto de 2013

Adicciones, clínica CITA Dosrius

El siguiente texto trata sobre la naturaleza de las adicciones y las creencias entorno a ellas. Cualquier tipo de adicción tiene un tratamiento eficaz en Clínicas CITA Dosrius.


Es cierto que determinados rasgos de personalidad aumentan las probabilidades de volverse adicto a algo. Por ejemplo, si un individuo es tímido y vergonzoso de forma angustiosa, y una droga en particular lo hace sentirse más distendido y sociable, es muy probable que quiera usarla una y otra vez, con lo que se pondrá en marcha el proceso adictivo.
Es fácil pensar que el rasgo de personalidad en sí es lo que causa la adicción, pero en realidad el problema es mucho más profundo que eso. El malestar interior que nos hace tan vulnerables a la adicción puede estar originado en nuestro sistema de creencias. Este sistema de creencias que tenemos sobre nosotros mismos, sobre los demás y sobre el mundo en general, determinan en gran medida nuestra conducta.
Lamentablemente, los tipos de creencias que hacen a la persona vulnerable a la adicción están muy difundidos hoy en día. Por ejemplo, si muchas personas en una sociedad creen que la imagen es más importante que ser autentico, entonces la persona que no se ajusta a esa imagen de moda sentirá que no está a la altura de las circunstancias. Esta creencia angustiosa se puede convertir en un trampolín a la adicción.
Otras creencias adictivas generan una mentalidad proclive al arreglo rápido: una obsesión por el poder, el control y la gratificación inmediata. Esta mentalidad induce a optar siempre por el arreglo fácil, rápido y a corto plazo para cualquier problema, aun cuando no sea una buena solución, sino una forma de escape o que genere incluso más problemas en el futuro.
 El sistema de creencias adictivo.
 Las creencias no suelen ser del todo conscientes, es decir, no se las dice uno mismo y en voz alta, sino que pueden verse si se mira con atención, en ciertos detalles de nuestra manera de hacer las cosas.
Yo debería ser perfecto, y la perfección es posible.
En nuestra sociedad y en nosotros,  se encuentra arraigada la creencia de que se puede ser perfecto, o al menos estar muy cerca de serlo. Si de verdad creemos en una idea como esta, inevitablemente fallaremos, ya que no es posible cumplir con un mandato semejante.
Esta búsqueda de perfección: el trabajo perfecto, la imagen perfecta, el cuerpo perfecto, etcétera, fomenta un gasto de energía completamente vano y configura una situación en donde la frustración está en primer plano.
Nos vemos de este modo, impulsados a perseguir la ilusión que producen los ejercicios físicos incontrolados, las compras compulsivas, la adicción al trabajo, el consumo de cocaína.
Perseguimos la ilusión aunque solo dure lo que dura la euforia de la cocaína, o del estreno de una nueva prenda de ropa o el elogio del jefe.
 Yo debería ser todopoderoso.
Las personas vulnerables a las adicciones tienen también cierta idea de poder algo engañosa. Creen, íntimamente, que pueden controlarlo todo, a sí mismos y a los demás.
Esta ansia de control precipita a las personas al consumo, ya que la mayoría de las nuevas drogas generan una sensación muy marcada de control y poder.
De alguna manera, el consumo funciona en este caso para poder sostener esa ilusión de control, y de algún modo, cancelar la ansiedad o angustia que produce la sensación de pérdida de control sobre las cosas. Teniendo en cuenta que los adictos, efectivamente, han perdido el control de gran parte de su vida, la necesidad de consumo se multiplica de modo exponencial.
Esta es la paradoja de las drogas que tienen esta función, fomentan una ilusión de control cada vez mayor, mientras por el otro lado, lo que realmente producen es una caída de las posibilidades de una persona de influir sobre el destino de su vida.
 Yo siempre debería conseguir lo que quiero.
Como los niños, los adictos aborrecen los límites.
Se pierden de vista completamente las consecuencias que puede traer el consumo, se deja de pensar en el futuro y solo se ve el placer que se puede obtener aquí y ahora.
Una práctica como esta, debe estar basada en la falsa creencia de que no hay límite al goce de los objetos o las sustancias.
De forma paradójica, es nuestro rechazo a los límites lo que nos empuja a una vida de búsqueda permanente de gratificaciones. No hay descanso, siempre se necesita tener un poco más, conseguir más, ser más.
En un mundo sin límites, nunca puede haber “bastante”. La creencia en lo ilimitado promueve la adicción.
 La vida debería estar libre de dolor y no requerir ningún esfuerzo.
Esta creencia se encuentra en el núcleo del modo de pensar adictivo. Sin se insiste en evitar todo dolor emocional, en sentirse bien todo el tiempo, tendremos que buscar modos de evitar la realidad, de escapar de nuestro estado de ánimo.
 Tiene cierta ironía el consumo, ya que a través de intentar resistirse a sentir dolor es cuanto más se sufre. Porque ¿no es acaso la adicción un modo de resistirse a sentir dolor y que sin embargo genera mucho más sufrimiento del que podrían haber causado los dolores originales?
Negarse a afrontar el dolor tiene como consecuencia una pérdida de libertad. Cada vez que surgen sentimientos penosos, buscamos automáticamente evitarlos, tomando un trago, comprando cosas, etcétera.
 Yo no soy bastante.
Probablemente, ninguna otra creencia es más dolorosa y eficaz que esta para promover una adicción. Conduce a un absoluto rechazo de sí mismo y a una dura conclusión, no valgo nada y por lo tanto, no merezco ser querido.
Esto no se lo dice el adicto de manera explícita, sin embargo se deja leer en diferentes dichos y conductas. Por ejemplo, no sirvo para nada, soy malo, egoísta, tonto, etc.
Estas creencias producen una profunda inseguridad que lo llevan a intentar, por cualquier medio, compensar esa falta. Es frecuente encontrar casos de inhibición social por inseguridad, que cuando se combinan con consumo de alcohol genera una exagerada socialización, produciendo finalmente el rechazo.
 Estos son algunos de los sistemas de creencias que están en la base la personalidad adictiva. En la segunda parte de este taller, veremos de qué se trata la personalidad adictiva en sí.

[1] Taller basado en el capitulo 5 del libro Querer no es poder, de Washton y Boundy. Ed. Paidós. Madrid 2011.

Puedes encontrarnos en la página web de Clinicas Cita 
Para más información sobre CITA aquí Clinicas Cita 
Esta entrada ha sido publicada originalmente en el blog de Clínica CITA Clinicas Cita

jueves, 1 de agosto de 2013

clínica cita trata sobre adicciones

el siguiente texto ha sido extraído del blog de josé maría fábregas, director de clínicas CITA,  Dosrius

es cierto que determinados rasgos de personalidad aumentan las probabilidades de volverse adicto a algo. Por ejemplo, si un individuo es tímido y vergonzoso de forma angustiosa, y una droga en particular lo hace sentirse más distendido y sociable, es muy probable que quiera usarla una y otra vez, con lo que se pondrá en marcha el proceso adictivo.
Es fácil pensar que el rasgo de personalidad en sí es lo que causa la adicción, pero en realidad el problema es mucho más profundo que eso. El malestar interior que nos hace tan vulnerables a la adicción puede estar originado en nuestro sistema de creencias. Este sistema de creencias que tenemos sobre nosotros mismos, sobre los demás y sobre el mundo en general, determinan en gran medida nuestra conducta.
Lamentablemente, los tipos de creencias que hacen a la persona vulnerable a la adicción están muy difundidos hoy en día. Por ejemplo, si muchas personas en una sociedad creen que la imagen es más importante que ser autentico, entonces la persona que no se ajusta a esa imagen de moda sentirá que no está a la altura de las circunstancias. Esta creencia angustiosa se puede convertir en un trampolín a la adicción.
Otras creencias adictivas generan una mentalidad proclive al arreglo rápido: una obsesión por el poder, el control y la gratificación inmediata. Esta mentalidad induce a optar siempre por el arreglo fácil, rápido y a corto plazo para cualquier problema, aun cuando no sea una buena solución, sino una forma de escape o que genere incluso más problemas en el futuro.

 El sistema de creencias adictivo.

 Las creencias no suelen ser del todo conscientes, es decir, no se las dice uno mismo y en voz alta, sino que pueden verse si se mira con atención, en ciertos detalles de nuestra manera de hacer las cosas.
Yo debería ser perfecto, y la perfección es posible.
En nuestra sociedad y en nosotros,  se encuentra arraigada la creencia de que se puede ser perfecto, o al menos estar muy cerca de serlo. Si de verdad creemos en una idea como esta, inevitablemente fallaremos, ya que no es posible cumplir con un mandato semejante.
Esta búsqueda de perfección: el trabajo perfecto, la imagen perfecta, el cuerpo perfecto, etcétera, fomenta un gasto de energía completamente vano y configura una situación en donde la frustración está en primer plano.
Nos vemos de este modo, impulsados a perseguir la ilusión que producen los ejercicios físicos incontrolados, las compras compulsivas, la adicción al trabajo, el consumo de cocaína.
Perseguimos la ilusión aunque solo dure lo que dura la euforia de la cocaína, o del estreno de una nueva prenda de ropa o el elogio del jefe.
 Yo debería ser todopoderoso.
Las personas vulnerables a las adicciones tienen también cierta idea de poder algo engañosa. Creen, íntimamente, que pueden controlarlo todo, a sí mismos y a los demás.
Esta ansia de control precipita a las personas al consumo, ya que la mayoría de las nuevas drogas generan una sensación muy marcada de control y poder.
De alguna manera, el consumo funciona en este caso para poder sostener esa ilusión de control, y de algún modo, cancelar la ansiedad o angustia que produce la sensación de pérdida de control sobre las cosas. Teniendo en cuenta que los adictos, efectivamente, han perdido el control de gran parte de su vida, la necesidad de consumo se multiplica de modo exponencial.
Esta es la paradoja de las drogas que tienen esta función, fomentan una ilusión de control cada vez mayor, mientras por el otro lado, lo que realmente producen es una caída de las posibilidades de una persona de influir sobre el destino de su vida.
 Yo siempre debería conseguir lo que quiero.
Como los niños, los adictos aborrecen los límites.
Se pierden de vista completamente las consecuencias que puede traer el consumo, se deja de pensar en el futuro y solo se ve el placer que se puede obtener aquí y ahora.
Una práctica como esta, debe estar basada en la falsa creencia de que no hay límite al goce de los objetos o las sustancias.
De forma paradójica, es nuestro rechazo a los límites lo que nos empuja a una vida de búsqueda permanente de gratificaciones. No hay descanso, siempre se necesita tener un poco más, conseguir más, ser más.
En un mundo sin límites, nunca puede haber “bastante”. La creencia en lo ilimitado promueve la adicción.

 La vida debería estar libre de dolor y no requerir ningún esfuerzo.

Esta creencia se encuentra en el núcleo del modo de pensar adictivo. Sin se insiste en evitar todo dolor emocional, en sentirse bien todo el tiempo, tendremos que buscar modos de evitar la realidad, de escapar de nuestro estado de ánimo.
 Tiene cierta ironía el consumo, ya que a través de intentar resistirse a sentir dolor es cuanto más se sufre. Porque ¿no es acaso la adicción un modo de resistirse a sentir dolor y que sin embargo genera mucho más sufrimiento del que podrían haber causado los dolores originales?
Negarse a afrontar el dolor tiene como consecuencia una pérdida de libertad. Cada vez que surgen sentimientos penosos, buscamos automáticamente evitarlos, tomando un trago, comprando cosas, etcétera.
 Yo no soy bastante.
Probablemente, ninguna otra creencia es más dolorosa y eficaz que esta para promover una adicción. Conduce a un absoluto rechazo de sí mismo y a una dura conclusión, no valgo nada y por lo tanto, no merezco ser querido.
Esto no se lo dice el adicto de manera explícita, sin embargo se deja leer en diferentes dichos y conductas. Por ejemplo, no sirvo para nada, soy malo, egoísta, tonto, etc.
Estas creencias producen una profunda inseguridad que lo llevan a intentar, por cualquier medio, compensar esa falta. Es frecuente encontrar casos de inhibición social por inseguridad, que cuando se combinan con consumo de alcohol genera una exagerada socialización, produciendo finalmente el rechazo.
 Estos son algunos de los sistemas de creencias que están en la base la personalidad adictiva. En la segunda parte de este taller, veremos de qué se trata la personalidad adictiva en sí.



Puedes encontrarnos en la página web de Clinicas Cita  Para más información sobre CITA aquí Clinicas Cita 

lunes, 29 de julio de 2013


Argumento
El ejercicio consistía en disponer cinco cubos con comida para el caballo; cada cubo tenía un nombre que yo mismo había puesto (Yo, esposa, hijos, trabajo y amigos). El caballo representaba el alcohol. Cuando yo lo pidiese, soltarían al caballo y mi tarea consistía en evitar que el caballo comiese de los cubos.
Resultado
Fui a buscar el caballo y le obligué a moverse lejos de del centro, que era donde se encontraban los cubos de comida. Pero el caballo, en un giro inesperado que no controlé, se comió únicamente la comida del cubo donde estaba escrito el nombre de “Yo”.
Interacción
Pensar que yo dejé mi puesto para ir a buscar al caballo (Alcohol) y que éste sólo comió del cubo en el que yo me reflejaba (Yo).
Reflexión

En mi vida, he dejado todo lo que me importaba por el alcohol y éste se me ha comido. He dejado de relacionarme con mi entorno, he perdido un trabajo que supuestamente debía garantizar mi jubilación, he entrado en una depresión, y he podido llegar a morir si mi hijo no me hubiese rescatado del abismo en que me encontraba. Todo esto es lo que debo agradecer al alcohol y a mi ceguera frente a algo evidente a lo que no supe poner solución.



Publicado originalmente en:http://www.clinicascita.com/blog/index.php/no-supe-evitarlo-un-ejercicio-de-pae-psicoterapia-asistida-por-equinos/
  Puedes encontrarnos en la página web de Clinicas Cita 

viernes, 5 de julio de 2013

Clínicas CITA para el tratamiento de las adicciones



Las clínicas CITA para el tratamiento de las adicciones han cumplido ya 30 años de atención a quienes sufren una dependencia a sustancias o una dependencia comportamental. Después de todo este tiempo y de atender a aproximadamente 4.000 pacientes que han realizado en nuestros centros un tratamiento de desintoxicación, podemos decir que no sólo hemos sido pioneros en la fundación de una comunidad terapéutica profesional y de introducir en su momento las técnicas terapéuticas más innovadoras para el tratamiento de las adicciones, sino que hemos hecho un esfuerzo permanente para adaptarnos a las nuevas pautas de consumo y a las estrategias terapéuticas más contrastadas.

Equipo de la Clínica CITA
El equipo de la Clínica CITA

Sin embargo, nuestro mayor mérito puede que no radique en nuestras instalaciones, en nuestro equipo terapéutico ni en las cifras de pacientes abstinentes, sino en una mirada ética, aquella que nos enseña Spinoza cuando afirma: “No juzgar, ni culpar, ni lamentar, sino entender”. Es esta actitud la que ha convertido a nuestro centro para el tratamiento de las adicciones en una de las mejores clínicas de España.   


Clínicas CITA para el tratamiento de adicciones

Clínica CITA para el tratamiento de adicciones
Clínica CITA. Tratamiento de adicciones

 

En Clínicas CITA tenemos más de treinta años en el tratamiento de adicciones. Nuestro método de trabajo está acreditado por la elevadísima tasa de satisfacción de nuestros clientes. En nuestras instalaciones de Dosrius (a 30 min de Barcelona) y de la propia ciudad de Barcelona más de setenta profesionales forman la plantilla de uno de los centros de referencia en España y en Europa para el tratamiento de adicciones. Si quieres saber más sobre nosotros puedes visitar la página web de CITA. Si tienes alguna consulta concreta, puedes contactar con nosotros en el formulario de CITA o en el número de teléfono 93 791 80 80

martes, 7 de mayo de 2013

Clínica CITA: Lo que han dicho sobre las drogas

clinica cita dosrius


“De la piel para adentro empieza mi exclusiva jurisdicción. Elijo yo aquello que puede o no cruzar esta frontera. Soy un estado soberano y las lindes de mi piel me resultan mucho más sagradas que los confines de cualquier país”

Antonio Escohotado en “Aprendiendo de las drogas”

“Constato que la ebriedad no sólo sigue interesando, sino que se ha constituido en rito de maduración para cierta juventud, a pesar de las duras condiciones impuestas por el mercado negro. Constato también que en estos círculos, el "Di simplemente no" entra por un oído y sale por el otro, e incluso funciona como promoción indirecta; en otras palabras, que ha dejado de ser preventivo para parte de nuestros hijos y tiene visos de prevenir aún menos a nuestros nietos”   

Antonio Escohotado en “Aprendiendo de las drogas”

“Una es mucho, muchas son pocas”

S.G (Paciente de Clínica CITA)

"Estoy en CITA para no tener que estar en CITA"

A.T (Paciente de Clínica CITA)


Clínica Cita Barcelona
www.clinicascita.com

miércoles, 24 de abril de 2013

Clínica CITA: Trabajamos también con las familias




La experiencia de las clínicas CITA confirma la frecuente asociación existente entre el control sin afecto de los padres y la drogodependencia de los hijos. En la percepción de los sujetos drogodependientes aparece que sus padres han cuidado poco de ellos y, paralelamente, han desarrollado un control bastante crítico y rígido.

Al contrario, un adecuado funcionamiento familiar, en el cual los padres están en primer lugar presentes y en segundo lugar son percibidos de modo real por los hijos, puede también impedir que se transforme en dependencia un eventual encuentro con la droga.

Es bastante habitual que los drogodependientes perciban a su propia familia como desligada (con baja cohesión) y caótica (con baja adaptabilidad), indicando así una representación problemática del sistema familiar. Esta percepción contrasta con la de los padres, que tienen una percepción de la familia menos rígida y más cohesionada.

Por todo ello, y con el propósito de planear una intervención eficaz, en las clínicas CITA de Dosrius (Barcelona) creemos que es importante la implicación de la familia en el proceso de tratamiento comunitario del hijo drogodependiente, haciéndola copartícipe y coprotagonista del proceso. Somos conscientes de que el trabajo con la familia es uno de los ingredientes necesarios de cualquier intervención sensata.

José María Fábregas
www.clinicascita.com

Clínica CITA: Subvenciones para el tratamiento



En sus 30 años de trabajo terapéutico y desde que José María Fàbregas fundara en Dosrius (Barcelona) el primero de sus centros a inicios de la década de los 80, las Clínicas CITA siempre se han constituido en empresa privada. Sin embargo, la cruz de este estatus -que nos ha conferido libertad terapéutica-, ha sido, más allá de las dificultades para trabajar con holgura en determinadas circunstancias socio-económicas, la de no poder atender a quienes no contactaban con nosotros porque no podían asumir el coste del tratamiento. Por eso, hemos gestionado la colaboración de varias fundaciones que permiten que Clínica CITA pueda atender en este momento a algunas personas con reducidas posibilidades económicas.

El esfuerzo conjunto de la Fundación ARPA, la Fundación CITA y la Fundación  Antonio Serra Santamans están ayudando durante el presente año a aquellas familias que, no disponiendo de suficientes recursos,  cumplen unos requisitos mínimos. Esta ayuda se concreta de la siguiente forma:

- 9 plazas financiadas
- 5 plazas subvencionadas en un 60%
- 12 plazas subvencionadas en un 40%
- 10 Plazas con subvención de seguro escolar en un 60%

Para ampliar esta información o para aclarar cualquier duda, no dude en llamar a Clínica CITA. Estamos a su disposición.

Clínica Cita Dosrius
www.clinicascita.com



Clínica CITA: Puedes llamar las 24 horas del día. Te informaremos.



Imagina un test proyectivo: la posibilidad de conocerte un poco mejor en función de la frase que más te guste.

“El abuso de las drogas no es una enfermedad, es una decisión, como la decisión de saltar desde un coche en movimiento. No lo llamaría una enfermedad sino un error de juicio”
Philip K. Dick

“La droga es el producto ideal, la mercancía definitiva. No hace falta literatura para vender. El cliente se arrastrará por una alcantarilla para suplicar que le vendan. El comerciante de droga no vende su producto al consumidor, vende el consumidor a su producto. No mejora ni simplifica su mercancía. Degrada y simplifica al cliente”
William Burroughs

“Después de la agitación mental, las drogas te envejecen. Después, el letargo. ¿Por qué? Reacción. Toda una vida en una noche. Gradualmente, te cambia el carácter”
James Joyce

“La droga pertenece al diablo, pues provoca la letargia, el estancamiento, la pasividad, el servilismo”
Thomas Mann

“La heroína es la mamá eterna, es como el útero que te protege. Con ella no se jode. Por algo es la segunda droga en importancia. La primera es el poder
Luca Prodan

“Al principio la droga te pone eufórico. Es como ganar un campeonato. Y piensas: mañana qué importa si hoy gané el campeonato"
 Diego Armando Maradona

"Yo no uso drogas, mis sueños ya son lo suficientemente horribles"
 M.C. Escher


Sea cual sea la frase que más te guste o la que defina mejor tu experiencia (o tu mala experiencia), ¿cuál crees que podría ser el denominador común de todas ellas? Quizás que la adicción empieza con un agujero que hay que llenar. Un agujero que llenamos con algo que nos vacía. La adicción empieza con dolor y termina con dolor. Hasta que uno decide cambiar.

Si quieres dejar una adicción, en Clínica CITA Dosrius te atenderemos las 24 horas del día y te ayudaremos a tomar la mejor decisión. Esperamos tu llamada.  

Clínica Cita Dosrius
www.clinicascita.com

martes, 23 de abril de 2013

Clínica CITA: La valoración que hacen nuestros pacientes cuando reciben el alta.





Cuando en Clínica CITA un paciente recibe el alta, le pedimos que valore el tratamiento recibido para conocer de primera mano su grado de satisfacción. Se trata de un formulario que nos permitirá conocer su opinión sobre las distintas áreas profesionales y los diversos espacios terapéuticos implicados en todo su proceso asistencial. Desde aquí queremos agradecer la opinión de nuestros usuarios, que nos permite contrastar la calidad de nuestro trabajo y diseñar estrategias para su mejora progresiva.

El resultado es que la gran mayoría de los usuarios de Clínicas CITA consideran que el tratamiento recibido merece una valoración de excelente.

¿Por qué una valoración del grado de satisfacción y no una estadística sobre el porcentaje de éxitos? Porque valorar la satisfacción en el momento del alta es un concepto objetivable. Si ofreciésemos porcentajes sobre una presunta curación, cabría preguntarse: ¿Cuándo está curado un paciente? ¿A partir de qué cifra de corte podemos considerar que alguien ya puede formar parte de una estadística de éxito? ¿Y no cabría entonces la tentación de alterar las reglas del juego para facilitar el marketing?

Por otra parte, ¿cómo valorar, más allá de la abstinencia, los positivos cambios estructurales y de hábitos que constatan nuestros pacientes a lo largo de su tratamiento? ¿Cómo medir el crecimiento emocional que muchos de ellos han percibido y que después han incorporado a su nueva vida? Muchas veces he oído exclamar a un paciente de Clínica CITA“Todo el mundo debería pasar un tiempo en CITA, aunque no tenga ningún problema de adicción”

Por eso nos gusta contar con esa estadística y que los pacientes nos den como nota un excelente.

Clínica Cita Barcelona
www.clinicascita.com